César Magrini
Esta creadora se hace presente con dos obras, realizadas con técnicas distintas (un acrílico, un óleo), pero ambas pertenecientes al estilo de la abstracción, con la episódica incorporación de algunos pasajeros elementos figurativos, cuyos títulos poco o nada indican con respecto a los temas que los pueden haber inspirado. Salvo el deseo, patente en ambos cuadros, de interpretar, con humor y con ingenio, dos enfoques de la realidad disfrazados con formas y con colores que no obedecen ni responden a estipulación normativa alguna. Y es aquí donde esta artista encuentra terreno propicio para explayar sus principales condiciones, que la inclinan hacia un juego de absoluta y muy poderosa independencia que sirva de pedestal a una imaginación siempre desbordante, en la que no rigen pautas incómodas ni preceptos que podrían ahogar cualquier iniciativa, porque se trata – y resulta muy fácil constatarlo haciendo descansar la mirada en esos dos trabajos – del suelto contrapunto, independiente y autónomo, de visiones que parecen no obedecer a otra norma que la dictada por su libre existencia, capaz incluso de engendrar otras formas (y otros colores) que las robustecen y que sonoramente las fortifican.
La autora se revela como una colorista tenaz y empeñosa, que no se arredra ante los desafíos más riesgosos de las tonalidades, todas ellas muy vivaces, que recorren sus composiciones, al servicio de las cuales pone una capacidad dibujística saludable, que va trazando una especie de jardines fantásticos, con floraciones y personajes irreales que no dependen de las rigurosas reglas de la razón, sino que surgen directamente del corazón y los sentimientos en una danza quimérica y autónomo cuyo norte es, indiscutiblemente, el logro de una belleza tan original como inédita.