Daniel Pérez
La edad de la vida que media entre la niñez ya pretérita y la excitada perspectiva del ingreso en el mundo adulto, como es sabido, suele transcurrir en el incierto territorio de las fantasías y en al fabulación de futuros suspendidos en una imperturbabley resplandeciente nube dorada. Cándida y sedienta , nuestra imaginación proyecta escenarios y situaciones regidas por la más encantadora imprecisión y dotadas de la versatilidad de los sueños. Los relatos y alegorías visuales de Lucía Coradini parecen abrevar en ese mágico territorio traspasado por la nostalgia y salpicado por las promesas de felicidad , donde las cálidas efusiones de una paleta transparente y optimista recrean un mundo de castillos y romances, simbólicas llamaradas y gratificantes arabescos que aluden a las primicias de la dicha y al ansiado protagonismo del amor. Vinculada con la atmósfera fantástica de los relatos infantiles, la pintura de Lucía Coradini se inscribe en una singular categoría narrativa que estimula la imaginación, se conecta con el costado más agradable de nuestros ensueños y nos remite a un luminoso mundo interior cantado con el frondoso preciosismo de Rubén Darío: Una selva suntuosa/ en el azul celeste su rudo perfil calca/ Un camino.La tierra es de color rosa…Se ven extrañas flores/de la flora gloriosa de los cuentos azules…/ La vida le sonríe , rosada y halagueña